23 oct. 2012

Una intrusa en la peña


Curioso el papel de los sexos en la comida. Hay muchas culturas donde los fogones están reservados exclusivamente a las mujeres. Son éstas las que transmiten sus recetas y conocimientos de generación en generación. Son las hijas de ellas las que acarrean el agua, enjuagan los utensilios y las ayudan con el trabajo más pesado.

Quizás por ser mexicana, o por mi familia en particular, siempre he visto el espacio de la cocina como un santuario femenino. Y sin embargo, en la mayoría de las cocinas profesionales de todo el mundo, son los hombres los que llevan el delantal. En el país vasco conocí un fenómeno que no he visto en otros sitios. Así como hay peñas taurinas, de fútbol o de golf, en Euzkadi hay cofradías gastronómicas.


Los hombres se escudan en su gusto por la comida para alejarse del bullicio de su propio hogar. ¡Qué mejor forma de abstraerse de los quejidos de la mujer que preparando unas cogochas al pil pil, con un puro en la boca, una cerveza en la mano y la preciada compañía de la cuadrilla de siempre! Poco sabemos las féminas de lo que se fragua en esas cocinas inundadas de testosterona.

Algunos machos se agrandan cuando logran encajar un balón en la esquina de una red. Otros tantos guardan en un secreto cajón la pelota de su mejor swing. Los vascos alzan el pecho cuando después de haber leído, probado y creado, logran superar al resto de sus compañeros en la altruista labor de preparar un plato cojonudo. EL PLATO. Ese del que se hablará en las subsecuentes reuniones y que se transmitirá de generación en generación, al más puro estilo de las indígenas mexicanas.

Cosa rara, a pesar de tener muchas amigas, siempre me he sentido mejor rodeada de hombres, whiskies en las rocas (tequilas derechos o mezcales -el orden de los factores no altera el producto-), cigarros y palabrotas. Quizás por ello me gané un lugar en esta cofradía. Quizás también porque coincidimos en que la vida es para vivirla y qué mejor si se vive marinada de rica comida, rica bebida y buenas amistades. 

¡Qué mejor compañía que un grupo de hombres amantes de la comida y del bien vivir! “¡Otra vez esta maldita felicidad!”, reza la etiqueta de uno de mis mezcales favoritos. Gracias Iñaki por la invitación, es un honor compartir este espacio con ustedes. 

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